Zuela por Laureano Marquez

enero 16, 2010

Zuela por Laureano Marquez in Tal Cual

Zuela, como la Utopía de Tomás Moro, es un país inexistente, es un país imaginario, es lo que queda de un gran país, o quizá sea mejor decir, de lo que pudo ser un gran país y no lo es pero todavía puede serlo.

Zuela es como esos muchachos que se ven prometedores, con un futuro por delante: hijos de padres acomodados, con recursos para darle educación, para hacer de él un buen hombre, pero el muchacho, inexplicablemente, sale malandro.

Este país imaginario, es la antítesis de la Utopía, que no existe por lo avanzado de su ideario. Zuela no existe porque es impensable tanta incapacidad en medio de la más extrema abundancia. En Zuela el dinero es el motor de todo, el dinero compra consciencias y más que una nación es un centro de negocios impredecible: En Zuela, cuando se devalúa la moneda, por ejemplo, la gente en vez de protestar por la inflación que se les viene encima, se dedica a comprar aparatos electrodomésticos para tratar de sacar provecho a la debacle. Tómese en cuenta para subrayar esta contradicción que Zuela es un país sin electricidad.

La prosperidad de Zuela no se mide por el progreso colectivo, por la belleza de sus espacios públicos, sino por el progreso individual. Los pobladores de Zuela se ufanan de la manera como se estafan los dineros colectivos y se considera un imbécil a aquel que, teniendo la oportunidad de robar, no lo hace.

Los habitantes de Zuela tienen un término para nombrar a este tipo de gente: “Es un pendejo”, dicen. Así pues, el robo y la estafa son la principal fuente de riqueza de este país imaginario.

Casi todo el mundo lo hace: “cada quien según sus necesidades, cada cual según sus capacidades”. En Zuela la ley existe y teóricamente es buena, pero los jueces de Zuela son zueleños y como tales ponen su bienestar individual por encima del colectivo, máxime cuando cada vez que un juez exhibe alguna muestra de dignidad es castigado severamente. Los lugareños parecen aceptar su destino con resignación, aunque a veces protestan y reciben una fuerte represión para que aprendan que de nada les servirá protestar.

En Zuela se vive a riesgo propio. Los delincuentes y los policías se unen para cometer delitos. La vida vale poco y las calles son inseguras.

Naturalmente que en Zuela hay gente –y mucha– que no comparte este modo de vida y los hay en todos los sectores y corrientes. Por ejemplo, aunque Zuela no tiene electricidad segura, tiene a la gente más brillante para resolver el problema, pero en general no se les presta atención. Zuela tiene universidades de primera y está llena de gente inteligente que se convierte en “profetas del desastre” al anunciar las catástrofes que se avecinan pero raramente se les presta atención.

Zuela tiene legisladores sabios, técnicos muy capaces y profesionales formados en las mejores universidades del mundo y, a pesar de su sino, una infraestructura envidiable producto de los momentos en que los zueleños se han puesto de acuerdo para progresar juntos.

Pero con breves excepciones, los civiles no suelen ser los protagonistas de la historia de Zuela, sino la mentalidad militar, que en demasiadas ocasiones es de aprovechamiento más que de servicio a la “patria”. La gente común suele ser bondadosa y vive alimentada con la esperanza de que el futuro sea mejor. Pero en Zuela, como en el mito de Sísifo, cada vez que parece haber una oportunidad de remontar la cuesta, la piedra se les viene encima y hay que empezar la tarea de nuevo. Ese es, en medio de todo, un aspecto positivo: Los habitantes de Zuela están acostumbrados a comenzar nuevamente desde abajo cada vez que un proyecto de destrucción, disfrazado de esperanza, les roba el destino. Los zueleños suelen decir frente a cada crisis “ahora sí que hemos tocado fondo”, pero sus conductores siempre tienen la habilidad de sorprenderles con fondos nuevos e imprevistos. El término de esta historia y si Zuela será al final tierra de promisión o de ruina no está escrito, porque uno de los rasgos distintivos de Zuela es que es impredecible, cualquier cosa se puede esperar, incluso algo bueno.

Una respuesta to “Zuela por Laureano Marquez”

  1. Francisco Says:

    Lo peor es que los “zueleños” todavían somos incrédulos a los nuevos desastres, todavía se cierra un canal de tv y hay alguno que dice: “…no vale, no creo…”. Hubo una vez un Zueleño (sí, con mayúsculas) que nos dijo (mi padre me ponía delante de la tv para verlo, escucharlo y tratar de entenderlo) que “había que sembrar el petróleo”, que “había que imponer la cultura del esfuerzo” y un largo etc. Pedazo de ZUELEÑO era.


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